lunes, 9 de julio de 2018

INSTRUMENTAL, de James Rhodes, o mi peor reseña



Título: INSTRUMENTAL: Memorias de música, medicina y locura.
Autor: James Rhodes
Editorial: Blackie Books
Año: 2015
Género: Memorias.
Número de páginas: 288
Sinopsis:
Me violaron a los seis años.
Me internaron en un psiquiátrico.
Fui drogadicto y alcohólico.
Me intenté suicidar cinco veces.
Perdí la custodia de mi hijo.
Pero no voy a hablar de eso.
Voy a habar de música.
Porque Bach me salvó la vida.
Y yo amo la vida.

James Rhodes es uno de los más eminentes concertistas de piano de la actualidad y un gran renovador de la música clásica. Ha protagonizado documentales para la BBC y Channel 4, escribe en TheGuardian y ofrece recitales en todo el mundo.

Mi opinión:
Yo es que no sé ni por dónde empezar. Tengo tanto, y a la vez, tan poco que decir sobre este libro, que no consigo organizar mis ideas. Empezaré diciendo que es lo más complejo que he leído jamás.

A mí se me ha revuelto algo por dentro, algo que ya no es igual. He intentado comparar esta sensación con un montón de cosas, pero sólo me salen metáforas que no consiguen reflejar todo lo que pienso. ¿Sabéis ese momento en el que estáis ante el atardecer más bonito que os podáis imaginar, y estáis maravillados, e intentáis hacer una foto para intentar conservar ese instante, pero la foto no le llega ni a la suela de los zapatos a la realidad? Pues eso mismo siento, que no debería reseñar este libro porque cualquier cosa que pueda decir no le llegaría ni a los bajos del pantalón.

Aun así, haré un intento, porque quiero que mucha gente lea este libro, porque es necesario. Pero quiero que lo lean con cuidado, con tranquilidad y con respeto.

Yo no conocía a James Rhodes, de verdad. Sé que ahora está muy de moda en España, y sobre todo en Madrid. Pero yo no sabía quién era. A mí me encanta escuchar la radio los sábados por la mañana, y siempre me engancho a la tertulia político-graciosa de las 11. Como me “conecto” un rato antes, siempre escucho a un tío que habla de música clásica. Un tío gracioso, que habla en inglés, que intenta enganchar contando anécdotas sobre los músicos de los que habla o de su propia vida. Me mola mucho esa sección de ese entusiasta de la música clásica de los sábados por la mañana.

Y luego, la pasada Noche de Los Libros, en Madrid, hice una cola de una hora y media para ir a ver a Andreu Buenafuente, ya que soy súper fan de su programa Nadie Sabe Nada de los sábados al mediodía, también en la radio. Buenafuente iba a charlar con un tío en el edificio de la Puerta del Sol, sobre libros y música. Me pareció un planazo, y aunque lo tuve que ver de pie al fondo de la sala, lo disfruté mogollón.

¡Pero ahí estaba! ¡Buenafuente estaba charlando con el tío de la radio de los sábados por la mañana! Ahí aprendí que se llamaba James Rhodes, que había publicado ya dos libros, que era muy gracioso y que tocaba el piano con los ojos cerrados. A pesar de estar en una sala con a saber cuántas cientos de personas, de pie, al fondo, sin ver un pimiento… creedme que fue… íntimo, y tierno, y divertido y especial.

Unas semanas después vi a Rhodes firmando libros en la Feria del Libro de Madrid. Quise que me firmara su libro, y contarle que primero le había escuchado, y luego le había visto, y ahora estaba hablando con él y que iba luego a leerle en sus novelas (una manera rarísima de conocer a alguien, ¿no?), pero la cola daba la vuelta a medio Retiro y ni siquiera lo intenté.

Entonces me hice con Instrumental, su primera novela, sólo que yo no sabía que NO era una novela. ¿Una autobiografía, tal vez? Ni siquiera sé cómo definirlo, pero tampoco hace mucha falta. Empecé a leer, y a mí me dio la vuelta el mundo.

De verdad que no sé cómo describir el libro (lo he intentado, ¿eh?, he escrito unas diez frases y las he borrado todas). Supongo que os podéis quedar con la descripción de la contraportada para saber un poco de qué va. Rhodes describe la que ha sido su vida. Su compleja, durísima, indeseable-aunque-en-ocasiones-alucinante vida. No hay palabras para hacerle justicia a una buena descripción, igual que no conseguiréis que ese atardecer se vea igual de espectacular en la pantalla del móvil.

Veamos, James Rhodes describe en este libro los abusos sexuales que sufrió a los seis años. Corrijo, no describe los abusos, describe sus consecuencias. Lo que el sintió, sufrió y vivió durante los siguientes veinticinco años. Y sí, puedes estar treinta años sufriendo las secuelas de una violación, porque no se queda en ese momento. Es una espiral en aumento.

Quedaros con que hay que leerlo. Está impecablemente escrito, de verdad. A nivel “técnico”, es perfecto el equilibrio entre descripciones, pensamientos, metáforas, bromas (algunas macabras, otras no tanto), lecciones y explicaciones.

Mirad, me voy a confesar un poco. Yo vivo con una eterna sensación de que no tengo la suficiente capacidad para captar la maravillosidad que hay en el mundo. Es algo que me pasa mucho, por ejemplo, con el arte moderno (sí, el cubismo y esas cosas). Sé que hay algo maravilloso ahí que yo no he conseguido ver aún. Y no, no soporto a los que se quedan tan anchos diciendo “No me gusta el arte moderno porque no lo entiendo”. Yo tampoco lo entiendo, pero al menos tengo la sensación de que sé que me estoy perdiendo algo.

Al leer este libro, he notado como si existiera un espectro de experiencias, y sobre todo de sentimientos, de los que yo era absoluta desconocedora. No sabía que se podía llegar a sufrir tanto, durante tanto tiempo. Me declaro total ignorante del sufrimiento de lo que bien se llama supervivientes de los abusos. Y qué estúpido me suena ahora ese vacío comentario de “sí, me lo imagino, te entiendo…” que todos hemos soltado alguna vez ¡¡sin tener ni puta idea!!

Es que es difícil hablar de esto sin hacer spoilers. Por eso me quedo con la frase del inicio:


En conclusión, me parece una manera magnífica de abrir la mente, de crecer, de conocer más, de saber y de actuar mejor. 
LE-ED-LO.

Si acaso Rhodes me leyera, cosa a la que no aspiro, me encantaría decirle que ha hecho bien, muy bien, en contarlo, en narrarlo, en coger un hacha, abrirme el cerebro y meterme dentro toda esta información que me ha ayudado a cambiar, a mejor, mi percepción sobre muchos temas importantes: la defensa de las personas, los límites de la tolerancia, que hay cosas que es necesario denunciar sin parar hasta que se comprenda, a estar alerta a esa negativa tendencia o actitud de “mejor no hablar de ello”, de no rechazar cosas sólo porque sean incómodas…

Sí es verdad que no perdono la explicación de los “beneficios” de las cuchillas. Me parece una información peligrosísima que, en mi caso, me encantaría desaprender. Ojalá pudiera borrarse del libro.

Nota: un 10.




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