domingo, 18 de septiembre de 2016

LECTURAS DE VERANO, o la flojera hecha libro.

Vaya verano… ¡Vaya verano!

Pero no os equivoquéis, no lo digo con emoción, sino con frustración. ¡Vaya verano!  ><

Salvo una breve y siempre estupenda estancia de 15 días en el Mundodisco, peleando contra un Rechicero (aunque, para mi desgracia, fue una estancia menos satisfactoria de lo que me esperaba), este verano me he visto rodeada de literatura “flojeras”, esa que suavemente se denomina literatura de verano.

¿Y qué entendería cualquiera por literatura de verano? Novelas cortas, rápidas, normalmente divertidas o románticas, que además suelen transcurrir en verano o en lugares vacacionales, y que siempre acaban bien. Pero para mí, la denominada lectura de verano la componen libros sin contenido, con muy poca trama, sin influencia ninguna. Son libros que no enganchan, porque en el fondo no cuentan nada. Y es que, si en verano es cuando más tiempo tenemos para leer, ¿por qué tenemos que optar por novelas que requieren mucho menos nuestra atención? ¡Mejor un buen mamotreto que no te deje dormir por aquello de “otro capítulo más y paro, lo juro”!

Si ya las horas de verano son largas y lentas de por sí, ¿por qué? ¿POR QUÉ? ¿P-O-R-Q-U-É esta tortura inunda las recomendaciones literarias del verano? Y es que vaya verano el mío… No me he leído una, ni dos, sino tres novelas que se adjudican totalmente el título de “lectura de verano”. Y diréis, si tanto aborrezco la lectura flojeras de verano, ¿a cuenta de qué me he tragado yo estos tres bodrios y luego vengo aquí a llorar mis penas? Pes por pura inconsciencia.

A principios de verano estaba yo en esta euforia del “llega el calor, el tiempo libre y el relax piscinero-playero”, sin recordar “llega el calorazo, el no dormir, el trabajar con la mitad de la ciudad de vacaciones y el sopor de las horas aburridas”. Así que me conseguí el libro “Ser perfecta es un coñazo”, de las hermanas francesas Girald. El libro lo empecé porque parecía una guía amena y divertida al estilo Enfermera Saturada (que tanto me decepcionó), y con recomendación de Beta Coqueta (con la que rompí oficialmente en este post).

¿Y cómo resumir este libro? Imaginaos 300 páginas, pero con letra Times New Roman al 16. O más. No sé. Pero letras kilométricas, y espacios dobles infinitos, y márgenes como para pintar Monets en ellos. Y es que me diréis cómo es posible leerse un libro de 300 páginas en 4 trayectos e metro de 9 minutos cada uno. Así que, ser perfecta será un coñazo, pero leer un libro sobre ello, también. Y no es que el libro sea tan terrible, pues es pasablemente divertido, pero es más bien que yo no creo que sea un libro en sí. Son poco más que frases sueltas graciosas, sobre tías borrachas a las que les encanta emborracharse.

Y lo dice el propio libro, ¿eh?: “Este test es para borrachas. Bueno, como casi todo el libro, en realidad”

Esto no es un libro. Es un compendio de anotaciones muy graciosas para un guionista que trabaje en la típica comedia romántica de “chica desastrosa pero adorable busca al amor de s vida y ¡oh! ¡pero si es su vecino de al lado! ¡o su mejor amigo de toda la vida! ¡o ese compañero de trabajo con el que vive en amor-odio constante! ¡qué sorpresa!

Supongo que ya me entendéis. Mi teoría sobre este libro es la siguiente: imaginaos que tenéis una idea para un libro, concretamente para un manual cómico sobre las vicisitudes de una chica en el siglo XXI. Imaginad que, durante un tiempo, tomáis nota de vuestras ideas, los gags, las frases ocurrentes o las anécdotas que creéis que complementarán vuestro libro para hacer la historia o el contenido más interesante. Imaginaos ahora que os ponéis en marcha y, con un editor, trabajáis en la publicación del libro. Sólo que no trabajáis, sino que cogéis todas vuestras notas y, así como están, las grapáis por una esquina, les ponéis el número de página al final de cada hoja y ¡tachán! ¡borrador del libro listo!

No sé quién fue más vago en este caso, si las autoras no trabajando en absoluto sobre sus notas o el editor, publicando directamente ese compendio de frases sueltas y tópicos graciosos, sin obligar a las autoras a que movieran el culo (o lo dejaran quieto unas cuantas horas sentadas frente al ordenador) y se curraran un mínimo hilo conductor.

Tirar el dinero, en definitiva.

Para recuperarme de semejante chasco, recurrí a una escritora que descubrí hace poco y me gustó mucho. FueLaura Norton, con su “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas” (cuya película se estrena en Noviembre). Así que me fui a la biblioteca y me hice con su segunda novela, “Gente que viene y bah”.

Y… pues eso… BAH. De chasco a chascazo. Otro libro flojeras. En mi opinión, este segundo libro no le llega ni a la suela del zapato al anterior. La protagonista es mucho más dispersa como personaje, con menos personalidad y, aunque parezca irreverente, con muy poco protagonismo. Al final, la protagonista es el personaje que menos te importa. Y ni decir que el último capítulo de la novela, en la que no pasa mayormente NADA de interés, cambia hacia un tono triste e inconexo con el resto de la historia, que se entiende contada en clave de humor. Una lástima, la verdad.

Y el tercer y último (por favor… ¡que sea el último!) librillo flojeras veraniego que ha invadido mi verano se trata de “La heladería de Vivien y sus recetas para corazones solitarios”.

Lo sé, en este caso me lo había buscado. El libro es tan flojo como los colores pastel desvaídos de su portada. Me prestaron este libro y reconozco que no tenía nada a mano más fuerte en lo que embeberme, así que me pasé un par de semanas con Anna, Imogen y sus apacibles vidas en el lluvioso Brighton. Si algo he sacado de este libro es que los humanos somos expertos en hacer dramas con agua sin gas. Quiero decir que las protas de esta novela se toman como montañas inalcanzables los pequeños problemas que tenían en sus cómodas vidas, ignorando otros de mucha mayor importancia. Y eso te hace darte cuenta de lo poco que disfrutamos de nuestra suerte por pasar nuestras vidas en este “lado bueno del mundo”. La novela me ha servido para relativizar esto un poco, viendo que las protagonistas son más bien gili… igual que yo.

Ahora bien, por rematar la faena. Que sepáis que la heladería de Vivien hace de todo menos abrir el apetito (¿qué pasa con esos libros de cocina que ignoran la cocina?)




En definitiva, bendito sea el otoño, el frío, la lluvia, la mantita, el sofá y ese libro bien gordito de literatura densa pero enganchante. ¡Bienvenido Septiembre!

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